Intendente

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Nació en Buenos Aires en 1845 y falleció en la misma ciudad en 1921.

De profesión arquitecto, se desempeñó como Vicepresidente del Concejo Deliberante de Buenos Aires hasta el 22 de junio de 1890, cuando el Intendente Seeber partió a Europa y él tomó su cargo que conservó hasta el 31 de octubre de 1892.

En un contexto marcado por la crisis económica que provocó la renuncia del Presidente Juárez Celman en agosto de 1890, Bollini se hizo cargo de la administración municipal realizando diversas obras, todas limitadas por la cesación de pagos en la cual había entrado el Estado.

La más emblemática fue la iniciativa para la construcción de la nueva sede municipal, proyectada por el arquitecto Juan Antonio Buschiazzo y concretada por el Vicedirector de obras Públicas, Juan Cagnoni, en el mismo espacio donde había funcionado durante 30 años el Gobierno Municipal.

Los planos presentados al Intendente, respondían a un proyecto austero y se utilizaron para su construcción, algunos materiales como mármoles, mosaicos y cristales, provenientes de la mansión de la familia Zuberbühler, que había sido expropiada y luego demolida para permitir la apertura de la Avenida de Mayo.

El Palacio Municipal, fue inaugurado en 1893 y funcionó hasta el año 2015 en ese mismo lugar cuando se trasladó ya con la nueva denominación de “Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires” al primer edificio de delegación pública sustentable con el medio ambiente, frente al Parque Patricios.

En 1891, Bollini designó al paisajista francés Carlos Thays, como Director de Paseos de la Ciudad de Buenos Aires, quien a lo largo de tres décadas en su cargo diseñó la mayoría de los espacios verdes que son parte, al día de hoy, de la imagen urbana nacional: el Jardín Botánico de Aclimatación, el Parque Lezama, las Barrancas de Belgrano, el Parque Patricios entre otros.

En 1892, se efectuó la donación de terrenos en el barrio de San Telmo para la instalación del Patronato de la Infancia, se realizó la nacionalización del Museo Municipal y se creó la primera gran dotación para los servicios de limpieza de la ciudad.

La ciudad le rinde homenaje a su apellido con un pasaje en el barrio de Recoleta, el cual inmortalizó Borges en su poema “la Cortada Bollini”.  Esta calle, que conserva los tradicionales adoquines y se extiende por 200 metros por detrás del Hospital Rivadavia, era parte de la quinta, propiedad de su familia, que luego del loteo adquirió esta denominación.